30 de septiembre de 2007

Fausto

Acto V; escena i

FAUSTO: ¿Es éste el rostro que dio impulso a mil navíos
y puso fuego a las altas torres de Troya?
¡Dulce Elena, dame en un beso la inmortalidad! (La besa)
Mi alma se apega a tus labios y escapa de mí.
Ven, Elena, ven; devuélmela.
Aquí he de quedarme, que el cielo son tus labios
y todo es polvo si no es Elena.
Yo seré Paris y por tu amor Wittemberg,
que no Troya, quedará saqueada.
Y lucharé contra el débil Menelao,
y las plumas de mi cimera lucirán tus colores.
Sí, yo heriré a Aquiles en el talón
y luego buscaré el beso de Elena.
¡Oh, eres más hermosa que la brisa verpetina
engalanada con la belleza de mil estrellas;
más deslumbrante que el fúlgido Júpiter
cuando se mostró a la infeliz Semele;
más agraciada que el monarca de los cielos
entre los brazos azules de la voluble Aretusa:
Y nadie sino tú será mi amada!


La Trágica Historia de la Vida y la Muerte del Doctor Fausto, Christopher Marlowe (1592¿?)
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