2 de octubre de 2007

Otelo

Acto III; escena iii

YAGO; [...] Por vuestra paz y vuestro bien,
por mi hombría, prudencia y honradez,
no conviene que os diga lo que pienso.

OTELO: ¿Qué insinúas?

YAGO: Señor, la honra en el hombre o la mujer
es la joya más preciada de su alma.
Quien me roba la bolsa, me roba metal;
es algo y no es nada; fue mío y es suyo,
y ha sido esclavo de miles.
Mas, quien me quita la honra, me roba
lo que no le hace rico y a mí me empobrece.

OTELO: ¡Vive Dios, dime lo que piensas!

YAGO: No podría, ni con mi alma en vuestra mano,
ni querré, mientras yo la gobierne.

OTELO: ¿Qué?

YAGO: Señor cuidado con los celos.
Son un monstruo de ojos verdes que se burla
del pan que le alimenta. Feliz el cornudo
que, sabiéndose engañado, no quiere a su ofensora;
mas, ¡qué horas de angustia le aguardan
al que duda y adora, idolatra y recela!

OTELO: ¡Qué tortura!

YAGO: El pobre contento es rico y bien rico;
quien nada en riquezas y teme perderlas
es más pobre que el invierno.
¡Dios bendito, a todos los míos
guarda de los celos!


Otelo, William Shakespeare (1604)
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