12 de septiembre de 2007

El Elogio de la Locura

Declamación
Habla la Locura

Aunque los mortales hablen mucho de mí, no soy tan necia como a menudo oigo decir a algunos que son locos en grado sumo, pues sólo yo, yo sola, puedo regocijar los dioses y a los hombres, y si de ello necesitáis una prueba incotrovertible, observad que, con sólo verme dispuesta a tomar la palabra ante esta numerosa asamblea, todos vuestros semblantes reflejaron de pronto una nueva e insólita alegría, de súbito, desarrugasteis el entrecejo y me acogisteis con francas y amables risas, mientras veo también que en torno a mí hay muchos que antes se hallaban tristes y acongojados, casi como si acabaran de salir del antro de Trofonio, y ahora se tambalean como los dioses de Homero, ebrios de néctar y de neptena.
Del mismo modo que cuando el sol de la mañana muestra a la tierra su hermoso y áureo rostro, o cuando tras un riguroso invierno vuelve la primavera y con ella sopla el tibio y ligero Céfiro, todas cosas adquieren nueva faz, nuevo color y nueva juventud, así vosotros, al verme, tenéis otra cara muy distinta. Pues con sólo mi presencia he conseguido lo que con gran dificultad consiguen los más hábiles oradores con esos largos discursos cuidadosamente estudiados, que raras veces logran divertir a los oyentes.



Elogio de la Locura, Erasmo de Rotterdam (1511)
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