7 de febrero de 2014

Luz y Oscuridad

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—Escúchame sin interrumpirme. Si me escuchas de verdad, te lo diré. Tengo tan mal gusto que esta deliciosa comida francesa de la que tanto disfrutas o el sake me parecen iguales que los de esa sucia taberna en la estuvimos juntos la otra noche. Eso hace que me desprecies, ¿verdad? Yo, al contrario, me siento orgulloso de ello y como contrapartida te desprecio por desdeñarme. ¿Ves a dónde quiero llegar? Piénsalo un momento. En este sentido, ¿quién de los dos se siente atrapado y quién libre? ¿Quién es más feliz y quién está más constreñido? ¿quién está en paz y quién trastornado? A mi modo de ver, siempre pareces avergonzado de algo, siempre estás inquieto, nervioso, tratando de evitar lo que te desagrada, arrastrándote tras las cosas que te gustan. ¿Por qué? Para mi la respuesta es muy simple. Porque disfrutas de tanta libertad que no sabes qué hacer con ella; porque tienes margen suficiente para ser una personas excéntrica y porque, al contrario que yo, no has tocado ese fondo donde no te queda más remedio que aceptarlo todo y permitir que la gente haga contigo lo que le plazca.
Tsuda, en efecto, despreciaba a Kobayashi. Sin embargo, pese a todo, se veía obligado a admitir un hecho: el hombre que tenía enfrente estaba hecho de un material mucho más duro que él.

Luz y Oscuridad, Natsume Sōseki (1916)
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