7 de febrero de 2014

Luz y Oscuridad

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—Escúchame sin interrumpirme. Si me escuchas de verdad, te lo diré. Tengo tan mal gusto que esta deliciosa comida francesa de la que tanto disfrutas o el sake me parecen iguales que los de esa sucia taberna en la estuvimos juntos la otra noche. Eso hace que me desprecies, ¿verdad? Yo, al contrario, me siento orgulloso de ello y como contrapartida te desprecio por desdeñarme. ¿Ves a dónde quiero llegar? Piénsalo un momento. En este sentido, ¿quién de los dos se siente atrapado y quién libre? ¿Quién es más feliz y quién está más constreñido? ¿quién está en paz y quién trastornado? A mi modo de ver, siempre pareces avergonzado de algo, siempre estás inquieto, nervioso, tratando de evitar lo que te desagrada, arrastrándote tras las cosas que te gustan. ¿Por qué? Para mi la respuesta es muy simple. Porque disfrutas de tanta libertad que no sabes qué hacer con ella; porque tienes margen suficiente para ser una personas excéntrica y porque, al contrario que yo, no has tocado ese fondo donde no te queda más remedio que aceptarlo todo y permitir que la gente haga contigo lo que le plazca.
Tsuda, en efecto, despreciaba a Kobayashi. Sin embargo, pese a todo, se veía obligado a admitir un hecho: el hombre que tenía enfrente estaba hecho de un material mucho más duro que él.

Luz y Oscuridad, Natsume Sōseki (1916)

31 de enero de 2014

El Libro de Jade

UN JOVEN POETA PIENSA EN SU AMADA
QUE VIVE AL OTRO LADO DEL RÍO
Según Sao-Nan

La luna sube hacia el corazón del cielo nocturno donde reposa amorosamente.

Sobre el lago agitado pasa con lentitud la brisa del anochecer; pasa y vuelve a pasar, besando feliz el agua.

¡Oh, qué sereno acorde resulta de la unión de las cosas que están hechas para unirse!

Pero las cosas que están hechas para unirse rara vez lo hacen.

El Libro de Jade, Judith Gautier (1867)

29 de enero de 2014

El Libro de Jade

EL CORMORÁN
Según Sou-Tong-Po

Solitario en inmóvil, el cormorán de otoño medita al borde del río, y su ojo redondo sigue el curso del agua.

Si alguna vez un hombre pasea por la orilla, el cormorán se aleja lentamente, sacudiendo la cabeza;

Pero, tras las hojas, acecha la partida del caminante, ya que anhela ver aún las ondulaciones de la monótona corriente.

Y, por la noche, mientras la luna brilla sobre las olas, el cormorán medita, con una pata en el agua.

Así como el hombre que lleva en el corazón un gran amor sigue siempre las ondulaciones de un mismo pensamiento.

El libro de jade, Judith Gautier (1867)

27 de enero de 2014

Superman: Tierra Uno

"Llevas escondiéndote toda tu vida, Clark. Pero si haces algo que no sea lo que yo pienso que estás destinado a hacer, seguirás escondiéndote, porque nunca serás capaz de mostrar a los demás quién eres de verdad, lo que puedes hacer."
"La vida debe vivirse al máximo, en toda su plenitud, a fondo. No pases el resto de tu vida como un Porsche que nunca sale del garaje porque alguien tiene miedo de que sufra algún arañazo."
"Vive, Clark, sigue tu pasión. Muestra al mundo entero de qué eres capaz."
"Vuela, Clark..."
"...Vuela..."

Superman: Tierra Uno, J. Michael Straczynski y Shane Davis (2010)

1 de agosto de 2013

Revelación Mesmérica

[…]
Mr. Vankirk.— Todas las cosas son buenas o malas por comparación. Un análisis suficiente mostrará que el placer, en todos los casos, es tan sólo el reverso del dolor. El placer positivo es una simple idea. Para ser felices hasta cierto punto, debemos haber padecido hasta ese mismo punto. No sufrir nunca sería no haber sido nunca dichoso. Pero se ha demostrado que en la vida inorgánica no puede existir dolor; de ahí su necesidad en la orgánica. E1 dolor de la vida primitiva en la tierra es la única garantía de beatitud para la vida definitiva en el cielo.


Revelación mesmérica, Edgar Allan Poe (1844)

30 de julio de 2013

Romeo y Julieta

Acto V, escena iii

PRÍNCIPE: Una paz sombría nos trae la mañana:
no muestra su rostro el sol dolorido.
Salid y hablaremos de nuestras desgracias.
Perdón verán unos; otros, el castigo,
Pues nunca hubo historia de más desconsuelo
que la que vivieron Julieta y su Romeo.


Romeo y Julieta, William Shakespeare (1597)

27 de julio de 2013

Romeo y Julieta

Acto I, escena i

CORO: En Verona, escena de la acción,
dos familias de rango y calidad
renuevan viejos odios con pasión
y manchan con su sangre la ciudad.
De la entraña fatal de estos rivales
nacieron dos amantes malhadados,
cuyas desgracias y funestos males
enterrarán conflictos heredados.
El curso de un amor de muerte herido
y una ira paterna tan extrema
que hasta el fin de sus hijos no ha cedido
será en estas dos horas nuestro tema.
Si escucháis la obra con paciencia,
nuestro afán salvará toda carencia.


Romeo y Julieta, William Shakespeare (1597)

16 de julio de 2013

Romeo y Julieta

ROMEO: Anoche tuve un sueño.
MERCUCIO: Y también yo.
ROMEO: ¿Qué soñaste?
MERCUCIO: Que los sueños son ficción.
ROMEO: No, porque durmiendo sueñas la verdad.
MERCUCIO: Ya veo que te ha visitado la reina Mab,
la partera de las hadas. Su cuerpo
es tan menudo cual piedra de ágata
en el anillo de un regidor.
Sobre la nariz de los durmientes
seres diminutos tiran de su carro,
que es una cáscara vacía de avellana
y está hecho por la ardilla carpintera o la oruga
(de antiguo carroceras de las hadas).
Patas de araña zanquilarga son los radios,
alas de saltamontes la capota;
los tirantes, de la más fina telaraña;
la collera, de reflejos lunares sobre el agua;
la fusta, de hueso de grillo; la tralla, de hebra;
el cochero, un mosquito vestido de gris,
menos de la mitad que un gusanito
sacado del dedo holgazán de una muchacha.
Y con tal pompa recorre en la noche
cerebros de amantes, y les hace soñar el amor;
rodillas de cortesanos, y les hace soñar reverencias;
dedos de abogados, y les hace soñar honorarios;
labios de damas, y les hace soñar besos,
labios que suele ulcerar la colérica Mab,
pues su aliento está mancillado por los dulces.
A veces galopa sobre la nariz de un cortesano
y le hace soñar que huele alguna recompensa;
y a veces acude con un rabo de cerdo por diezmo
y cosquillea en la nariz al cura dormido,
que entonces sueña con otra parroquia.
A veces marcha sobre el cuello de un soldado
y le hace soñar con degüellos de extranjeros,
brechas, emboscadas, espadas españolas,
tragos de a litro; y entonces le tamborilea
en el oído, lo que le asusta y despierta;
y él, sobresaltado, entona oraciones
y vuelve a dormirse. Esta es la misma Mab
que de noche les trenza la crin a los caballos,
y a las desgreñadas les emplasta mechones de pelo,
que, desenredados, traen desgracias.
Es la bruja que, cuando las mozas yacen boca arriba,
las oprime y les enseña a concebir
y a ser mujeres de peso.
Es la que...
ROMEO: ¡Calla, Mercucio, calla!
Hablas de nada.
MERCUCIO: Es verdad: hablo de sueños,
que son hijos de un cerebro ocioso
y nacen de la vana fantasía,
tan pobre de sustancia como el aire
y más variable que el viento, que tan pronto
galantea al pecho helado del norte
como, lleno de ira, se aleja resoplando
y se vuelve hacia el sur, que gotea de rocío.

[La cursiva es mía]


Romeo y Julieta, William Shakespeare (1597)

12 de julio de 2013

Romeo y Julieta

FRAY LORENZO: El gozo violento tiene un fin violento
y muere en su éxtasis como fuego y pólvora,
que, al unirse, estallan. La más dulce miel
empalaga de pura delicia
y, al probarla, mata el apetito.
Modera tu amor y durará largo tiempo:
el muy rápido llega tarde como el lento.


Romeo y Julieta, William Shakespeare (1597)

3 de junio de 2013

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas (1962)

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